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La búsqueda de puntos en común en el camino de la transición energética

Las negociaciones de la COP26 celebrada en Glasgow concluyeron con algunos avances en materia de mitigación y adaptación climática. Si bien algunas voces criticaron que los compromisos asumidos no están a la altura de lo que se necesita para mantener el calentamiento global en 1,5°C, hubo una voluntad más clara de avanzar más allá de la dependencia de los combustibles fósiles, especialmente por parte de los miembros de la OCDE que integran las alianzas Powering Past Coal Alliance y Beyond Oil and Gas Alliance. Los directivos de las compañías de petróleo y gas brillaron por su ausencia en las plataformas públicas de la COP26, aun cuando una gran cantidad de ellos asistió como observadores. 

Sin embargo, pese a toda la atención y los recursos dedicados al desafío climático, la COP26 no abordó los riesgos de corrupción y los desafíos de gobernanza de manera frontal. La experiencia de dos décadas en la implementación del EITI ha demostrado que es necesario prestar atención a estos puntos a fin de garantizar que los recursos naturales se utilicen de manera responsable y de un modo que promueva el desarrollo sostenible. 

La transparencia es fundamental a efectos de identificar puntos de convergencia y desarrollar perspectivas comunes con miras a avanzar en la mitigación del cambio climático. Nuestra asistencia no solo a la COP26, sino también a la Semana del Petróleo de África (Africa Oil Week) —que fue el primer encuentro presencial de ministros de energía desde el inicio de la pandemia— nos recordó el hecho de que, para los Estados africanos, la transición va más allá de simplemente intercambiar una fuente energética por otra. Por el contrario, se relaciona con la necesidad imperiosa de asegurarse el acceso a la energía para promover el desarrollo. La transparencia, junto con el debate público, sienta las bases para facilitar soluciones sostenibles que atiendan a las necesidades energéticas a la vez que se avanza hacia el cumplimiento de las metas climáticas.

Existen cuatro formas claramente identificables en las que la transparencia, los datos y el diálogo pueden ayudar a orientar estos debates. 

Reconocer las necesidades energéticas

Para poder enfrentar con éxito el desafío climático, los negociadores deben reconocer el papel que desempeña la energía en el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza en los países en desarrollo, especialmente en aquellos que obtienen grandes ingresos por petróleo y gas. Para este grupo, la dependencia de los ingresos derivados de recursos petrolíferos y gasíferos a los fines de costear el desarrollo constituye una realidad apremiante. Y para los países con perspectivas de explotar sus actuales reservas, el desafío es aún mayor. Los gobiernos de estas naciones han hecho importantes inversiones en el sector, y la ciudadanía tiene grandes expectativas con respecto a las ganancias que generarán sus recursos naturales.

Estos países han manifestado enfáticamente sus puntos de vista, y a menudo consideran que no se presta atención a sus llamamientos para tomar medidas con respecto la pobreza energética. A medida que la transición energética va cobrando impulso, sus declaraciones públicas denotan una creciente apreciación no solo de las consecuencias de la caída a largo plazo de la demanda de combustibles fósiles, sino también del potencial cada vez mayor del sector de las energías renovables para satisfacer las necesidades energéticas.

El EITI apoya la generación de datos relevantes con el fin de ayudar a los creadores de políticas a adoptar planes para las necesidades energéticas a largo plazo, recurriendo cada vez más a energías renovables más económicas y competitivas, como elemento integral de su labor en el ámbito de la transición energética. Por otra parte, aspira a promover el diálogo a través de su estructura multipartícipe que reúne a los gobiernos, la sociedad civil y la industria, incluidas las compañías petroleras nacionales. Una primera reunión de los ministros africanos de energía derivó en la elaboración de un documento de consenso y recomendaciones.

La clave reside en ampliar los recursos y las inversiones para dar mayor impulso a la transición energética. Sin embargo, la llegada de financiamiento no resolverá por sí sola los desafíos del acceso a la energía. Si bien los datos son necesarios para ayudar a orientar las políticas tanto en los países productores como en los consumidores, la transparencia también puede contribuir a generar debates en torno al papel de los países industrializados en el apoyo a la transición energética en África.

Los países ricos están destinando cada vez más recursos a ayudar a los países dependientes de los combustibles fósiles a que dejen atrás el carbón, el petróleo y el gas, y a que desarrollen su capacidad para generar energías renovables. Un ejemplo destacado de ello es el otorgamiento de USD 8500 millones a Sudáfrica para que detenga la producción de carbón. Es necesario aumentar rápidamente este tipo de inversiones para beneficiar a otros productores de bajos ingresos, de un modo que sea transparente y equitativo. El otorgamiento de esa suma generó mucho debate, especialmente en otros países africanos que tienen una dependencia similar de los combustibles fósiles pero que cuentan con un acceso mucho más limitado a la energía.  

Promover el diálogo público

En segundo lugar, se observa la oportunidad de lograr una mayor comunión de intereses a través de la facilitación de más debates públicos sobre la transición energética en los países en desarrollo. Esto exige esfuerzos para generar un acercamiento entre los negociadores climáticos de los ministerios de medio ambiente y los ministros de energía tradicionales, incluidos aquellos responsables de los hidrocarburos y de satisfacer las necesidades energéticas nacionales.

Para mantener un diálogo efectivo en torno al desarrollo de objetivos comunes se necesitan datos y análisis de calidad que por lo general escasean en los países productores. Los creadores de políticas de estos países tienen una gran avidez de datos que modelen las tendencias fiscales y datos sobre los ingresos provenientes del sector de los combustibles fósiles. Este tipo de datos ayuda a identificar los riesgos de la caída en los ingresos y los activos varados que podrían dejar de ser productivos a largo plazo.

Hacer que la industria sea parte de la solución

Una tercera área de posible convergencia, que sigue estando muy ausente en la realidad actual, es el reconocimiento de los cambios en las prioridades de las empresas petroleras y gasísticas, especialmente de las compañías nacionales que producen la mayor parte del petróleo del mundo. Varias compañías multinacionales de energía están modificando su perfil de inversión, adoptando objetivos de cero emisiones netas y diversificándose con la incorporación de energías renovables.  A lo largo de la última década, la empresa danesa de energía Ørsted (antes conocida como “Danish Oil and Natural Gas”) ha seguido una estrategia de cero emisiones netas, y para el 2020 ya era la mayor productora de energía eólica marina, con una cartera de inversiones compuesta principalmente de energías renovables. Otras compañías europeas de petróleo y gas —muchas de las cuales integran el elenco de empresas que apoyan al EITI— están adoptando estrategias similares de diversificación con ambiciosos objetivos de cero emisiones netas, si bien estos compromisos a menudo son vistos con escepticismo por parte de los activistas climáticos que reclaman un cese total de la producción de combustibles fósiles.

La exclusión de las voces de la industria en los debates de la COP sobre la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles y los riesgos de nuevas exploraciones limita las posibilidades de identificar puntos en común en relación con las soluciones de políticas climáticas y energéticas a largo plazo. De igual modo, los países productores y las empresas nacionales de petróleo y gas deben acelerar sus esfuerzos para involucrarse en la transición energética y contribuir de forma positiva a los objetivos climáticos globales. Durante la cumbre anual del EITI dedicada a las empresas de titularidad estatal que tuvo lugar este mes, varios representantes de compañías nacionales de petróleo y gas señalaron que habían comenzado a desarrollar estrategias de transición energética para mantener su competitividad.

Tomarse en serio la corrupción

La cuarta área de posible convergencia tiene que ver con tomarse los riesgos de corrupción con seriedad. La premura por adoptar energías y financiamiento ecológicos puede traer aparejado el riesgo de pasar por alto la posibilidad de que ingresen actores inescrupulosos al sector de las energías renovables, que influyan en las negociaciones para el otorgamiento de licencias de energía eólica y solar y que forjen acuerdos ventajosos que favorezcan intereses particulares. La inversión a gran escala en energía eólica y solar exige cada vez mayores volúmenes de minerales estratégicos, que suelen proceder de países con serias dificultades de gobernanza. Estos riesgos son similares a los que se encuentran las empresas de petróleo, gas y minería al momento de planificar inversiones a gran escala y negociar contratos, aunque el sector sea diferente.

No obstante, pese a algunas honrosas excepciones, los inversores con conciencia ecológica y algunas compañías de petróleo y gas parecen desconocer estos riesgos. Si no se reconocen y abordan los desafíos en materia de gobernanza, la naturaleza cambiante del sector energético podría simplemente transferir el riesgo, lo cual traería aparejadas importantes consecuencias a la hora de atender a las necesidades energéticas de los países en desarrollo. Este es un elemento clave de la estrategia de transición energética del EITI: trabajar con las empresas que producen energías renovables y minerales estratégicos con miras a identificar y mitigar los riesgos de corrupción a través de la presentación de informes y datos por medio del EITI. A tal fin, la transparencia puede ayudar a detectar la existencia de intereses creados y contratos incompatibles con los compromisos climáticos.   

Authors: 
Mark Robinson

Mark Robinson

Director Ejecutivo

Mark es el Director Ejecutivo del EITI desde 2018. Lidera el compromiso de la organización con la transparencia de las industrias extractivas y la gestión del Secretariado Internacional.